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GRANDES CAVERNÍCOLAS 2

Sin duda alguna la imagen más loca y divertida de la vida en una imposible Edad de Piedra es la que nos regaló Hanna-Barbera en su serie Los Picapiedra (The Flintstones). 

Sus aventuras  y sus protagonistas son de sobra conocidos. Los inventos que en cada capítulo se exhibían hacían que los niños soñasen con ser duchados por la trompa de un elefante, viajar a lomos de un pterodáctilo gigante o disfrutar de un rato de rocavisión desde el cómodo sofá de piedra. Pero seguro que muchos coincidiríamos en que la mayor maravilla técnica de la serie era el troncomóvil, un pesado ingenio de tracción a pie que suscitaba la sospecha de si no sería más fácil desplazarse andando, sobre todo cuando el vehículo iba completo.

Los Picapiedra representaban el modo de vida de la clase media estadounidense de los 60, cuando comenzó a emitirse, y entre la broma y el serio se tocaban temas de mayores, como el consumismo, la adopción, los conflictos laborales y temas similares. Pedro y Vilma   fueron la primera pareja de dibujos animados en compartir cama “en directo” y la serie estaba tan claramente dirigida también al público adulto que fue presentada una temporada por la marca de cigarrillos Winston.

También de la mano de Hanna-Barbera nos llegó el Capitán Cavernícola, peludísimo superhéroe armado de cachiporra que encontró un hueco digno de mención en el panorama televisivo infantil y es un ejemplo más de lo divertido que puede resultar siempre imaginar cómo fue el mundo primitivo.

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